24 de septiembre de 2017

Espido Freire: Llamadme Alejandra

-Imagen tomada de la red-

Sinopsis

Como si fueran figuras de ajedrez, la familia Romanov se prepara en silencio para un nuevo traslado. Alejandra, la zarina, sueña con ver a sus cuatro hijas casadas. Tras la abdicación del zar, ya no tiene grandes pretensiones para su pequeño Alexis, más allá de una vida tranquila y alejada del mundo.  Echa de menos a su amigo Rasputín, el hombre que más la comprendió después de su amado Nikki.
En su última morada y sin más que hacer que esperar su liberación, Alejandra satisface la curiosidad de sus hijas por su pasado. De esa manera reconstruye una vida marcada por la desgracia; pero también plena de felicidad porque el amor que se profesaron ella y Nikki, y que transmitieron a sus hijos, fue el bastión que los mantuvo unidos y fuertes hasta su trágico final.


Mi opinión:


«Nos han despertado en mitad de la noche a gritos porque nos espera un nuevo viaje. Nicolás se ha levantado, ha abierto la puerta y a través de ella, semicerrada (yo aún en camisón, el Nene asustado y confuso), ha hablado con el comisario Yurovski
—¿Qué ocurre?
—Nada, no se preocupen, no se alteren. Obedezcan con la mayor presteza posible y todo saldrá bien.»

Así comienza esta historia narrada en primera persona por Alejandra Fiódorovna Románova, cuyo verdadero nombre era Alix De Hesse, nieta de la reina Victoria de Inglaterra, última emperatriz de Rusia, casada con el zar Nicolás II.
A lo largo de las 360 páginas, la autora nos adentra en los recuerdos de la zarina. Descubrimos no a una zarina, si no a una mujer que, pese a su posición y educación, siente y vive como cualquier mujer.

«He cometido muchos fallos en mi vida, muchas decisiones erróneas. Soy impetuosa, soy leal y apasionada, y por lo tanto proclive a dejarme llevar por mi primer pensamiento y por mi última intuición.»

Su noviazgo y preparación para su vida en Rusia, la llegada a la corte rusa, la tensa relación con su suegra y con algunos pintorescos familiares de Nicolás, su religiosidad, sus embarazos, su sufrimiento por no parir un varón y la llegada de este, el descubrimiento de que el futuro zar es hemofílico, el carácter de sus hijas y de su marido, lo que ella hizo y no fue entendido por el pueblo ruso, su enfermedad, sus amistades y la que tanto ha dado hablar con Rasputín, sus miedos y sufrimiento. Y también el profundo y sensual amor entre los zares.
Me ha gustado especialmente que no se recree en lo más conocido de la historia de Alejandra: la supuesta relación adúltera con Rasputín.
Freire le da el tratamiento de un personaje más en los recuerdos de la zarina, dándole el lugar que le corresponde como hombre santo que tanto ayudó a la familia en momentos de crisis, así como a otras personas.


Creo que Dios premia al mundo con los dones depositados en algunos de sus hijos. Yo fui afortunada al conocer a Rasputín. Mi esposo no encontró nada que reprocharme en esa amistad, de manera que ¿qué derecho tenían otros para prohibírmela? Un hombre que hizo todo lo que estaba en su mano para evitar la guerra, un santo varón que nunca causó daño a nadie…»


La novela no me ha parecido espectacular; de hecho, el personaje histórico de la zarina no tiene en sí mismo nada llamativo ya que llevó una existencia plana y triste, no hay nada nuevo o que casi no se conozca en la trama, hay una serie de cortas cartas que no he entendido a qué vienen, pero lo que sí me ha gustado es la manera de resolver el final por, repito, estar narrado en primera persona.
Pese a que está bien resuelto, y esto en una opinión muy personal, creo que la autora debería haber encabezado en capítulo 55 con algún dato que situara al lector. No digo más, sería spoiler.

En definitiva: una novela bien escrita y sobre todo bien resuelta, con un trabajo de investigación que queda manifiesto en la lectura, y como no conocía la pluma de Espido Freire, a pesar de que no me ha acabado de gustar esta novela, sí me ha motivado a leer más a la autora.

¿Habéis leído esta novela? ¿Qué os ha parecido? ¿Pensáis leerla?
Contadme…

Autora: Espido Freire
Editorial: Planeta (Premio Azorín 2017)
Nº de páginas: 368
ISBN: 9788408169406
Precio: 20,50€


20 de septiembre de 2017

Soy libre -a veces como el viento-


-Imagen Katia Chausheva-
Soy
la sed del desierto
y también la del deshielo.

A veces
soy silencio.
Páramo y bosque
donde guarecerme del desaliento.

Como el viento
me muevo
entre montañas y senderos.
Soy inerte, incluso yaciente,
cuando agotada, duermo.

Libre
cuando el pensamiento me deja
y siempre solitaria viajera de la vida.


-Verónica Calvo- 

16 de septiembre de 2017

Principio y final

-Imagen Victor Vasarely-


Al principio
las sonrisas,
la mirada llena de chispas.
El abrazo
que te abarca como si fueras salvavidas.
Miles de gratitudes que sabes acabarán en reproches.

Su subida al pedestal
con la mente obnubilada.
Su delegar desde la pretendida importancia.
La estrella fugaz devorada entre cometas.
El ego abofeteado; tiran la piedra y esconden la mano.

Y al final
señalar con el dedo acusador
a quien apostó y perdió más que nadie.
La ofensa de aquellos que se engolaron
y la confirmación de que te desechan como a un apestado.

-Verónica Calvo-

12 de septiembre de 2017

El amor como Leteo

-Imagen tomada de la red-
Un nombre a buen recaudo
entre las costillas.
Mirada esmeralda
en la mía reflejada.
Dos vidas suspendidas
en el filo del abismo.

                      N a d a.

Desde el albor hasta el ocaso
los deseos como nubes se deshilachan.

                                              C a ll a.

Y esta música tuya que me entregas
a golpe de sangre que bombea.
Y este sumergirme en el amor como Leteo
para diluir(te) en todo lo que te hace grande.

                                                    Olvidemos.

                                         -Verónica Calvo-
                                            -A E.-

8 de septiembre de 2017

Bukowski: Desentrañarlo hasta el fondo


-Imagen tomada de la red-

La valentía de algunos se acerca al miedo
y el miedo de algunos se acerca a la
valentía
y yo admiro al valiente más que al atemorizado,
y a veces soy el uno o el otro
y a veces no soy ninguno de los dos.

es entonces cuando estoy en plenitud: ni valiente
ni atemorizado

limitándome a cascar nueces en mi cálido
nicho

mientras las flores se esfuerzan por crecer
mientras la música se afana en agradar

mientras las mujeres aman a
otros.


-De Escrutada la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta-